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Del Everest a los cinco océanos

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Pablo Díaz Munio será el médico oficial de la próxima Volvo Ocean Race, un hombre a quien pocos ganan a capacidad de adaptación: ha participado en tres expediciones al Himalaya con Edurne Pasaban, y ésta será, también, su tercera vuelta al mundo.

"Himalayismo y vuelta al mundo a vela son las dos caras de una misma moneda". Con esta frase define Pablo Díaz Munio las similitudes entre alta montaña y navegación oceánica, algo que pocas personas conocen tan bien como él. Cirujano cántabro nacido en Castro Urdiales en 1967, Díaz Munio ha sido médico colaborador del Ericsson (2008-09), oficial de Telefónica (2011-12), y en apenas unas semanas se incorporará a la Volvo Ocean Race 2014-15 como responsable del servicio médico de la regata. Será su tercera participación en la misma, como tres han sido los ocho miles a los que ha acudido también como doctor en expediciones. Concretamente al Annapurna, Shisha Pangma y Everest, siempre con Edurne Pasaban, la primera mujer de la historia en escalar los 14 ocho miles. Se ha ganado a pulso lo de médico todo terreno. 

En su nueva posición, el cántabro velará por la salud tanto de trabajadores como regatistas de la Volvo Ocean Race, lo que le exigirá pasar entre una semana y diez días en cada puerto, y estar disponible 24 horas diarias durante las etapas, a lo largo de nueve meses. “Nuestro trabajo es enseñar a prevenir. En un evento tan extremo como éste hay problemas menores que se convierten en mayores, y problemas mayores que se convierten en emergencias”, señala. “Una rotura de fémur abierta se puede controlar perfectamente en tierra, pero en alta mar, en un lugar donde no llega el helicóptero, o tarda horas en hacerlo, puede convertirse en algo muy serio”, añade. Por esta razón, Díaz Munio se encargará también de formar a los equipos en primeros auxilios, y a uno de sus miembros en el papel de paramédico.

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Cantabria, Díaz Munio realizó después un máster en medicina subacuática e hiperbárica en la Universidad de Barcelona. Ése fue el comienzo de una carrera peculiar que le llevó desde los cero metros sobre el nivel del mar con Iberdrola en la Copa América de 1999, a los 8.848 del Everest con Edurne Pasaban en 2011. “A nivel fisiológico alpinismo y navegación oceánica son deportes completamente diferentes, pues el primero llega al punto más alto del planeta, y el segundo se queda nivel del mar. Pero los une que los buenos montañeros y regatistas oceánicos tienen una fuerza mental brutal", explica sobre dos mundos que conoce bien. "Quienes triunfan tanto en una expedición como en una vuelta al mundo son aquellos que saben prevenir el problema, preparar y delegar, que saben trabajar en equipo. Esto último es fundamental". 

Él, por su parte, ha demostrado una capacidad de adaptación y empatía con deportistas fuera de lo común, que le permitió retirar las palomitas y la Coca-Cola del campo base durante su primera expedición al Himalaya sin provocar ningún motín. "Aparecían por todas partes en cualquier celebración, y es sal, algo totalmente contraindicado para ellos, que necesitan constante hidratación", rememora. La propia Pasaban lo ha recordado en alguna ocasión, así como el shock que causó, a la vez que ha reconocido que con ello mejoró el rendimiento del equipo. 

En la Volvo Ocean Race no se ha tenido que pelear por las palomitas, pero sí para conseguir que los regatistas se quiten el traje de agua. "Los principales problemas durante la Volvo Ocean Race son dermatológicos, foliculitis, eccemas, ras cutáneo, que surgen por llevar el traje de agua siempre puesto, la deshidratación, y la mala alimentación. Ponérselo y quitárselo les quita media hora de dormir, comer, así que muchos no se lo quitan", explica. "Recuerdo el caso de Joca Signorini quien hace unos años pasó los nueve meses con unos problemas terribles en la piel, y un abuso de los antibióticos para combatirlos". 

Este año le tocará una vez más concienciar a los regatistas sobre todo esto, para conseguir que saquen lo mejor de sí mismos en un evento que le apasiona, como lo hace el alpinismo. Dos mundos radicalmente opuestos, pero profundamente parecidos.